domingo, 10 de mayo de 2009

Unir dos elementos de universos distintos e irrelevantes


Pedrito Suárez tiene 6 años y una vida alegre. Ama la naturaleza, revolcarse en el pasto verde y sentir el sol en su piel. La mañana del jueves amaneció con un sol radiante. Su mamá lo levanto muy temprano para ir al colegio. Mientras desayunaba contemplaba con alegría el cielo, ya que sus padres le habían prometido que, si no tenía tarea para el día siguiente y el día estaba soleado, lo llevarían de picnic al parque después de clases.
Camino al colegio empezó a imaginar todas las cosas que haría en el parque, primero iría a las hamacas, después al subí y baja y más tarde, comería una manzana con pochoclos. Entró al colegio con una gran sonrisa.
Apenas se sentó en su banco, la maestra les explicó que ese día verían las restas y que para ejercitar lo aprendido tendrían que hacer ejercicios en casa. En ese momento, el cielo se comenzó a llenar de nubes negras, que taparon por completo el sol. Pedrito no podía creerlo, no solo no iría al parque porque el día estaba nublado sino que encima tendría que pasarse todo el día realizando estupidas restas.
En ese momento se detuvo a pensar y llegó a la conclusión que odiaba tanto a las restas como a las nubes porque las dos habían arruinado sus planes. Ambas eran abstractas y les costaba pensarlas, nunca había tocado ni sentido a una nube y tampoco a una resta. Las dos siempre se encuentran fuera de su alcance, como si fueran de otro mundo, distinto al real.
Además con ambas siempre se pierde algo, porque en la resta se anulan elementos y las nubes al tapar el sol, le hicieron perder su día de picnic.
A las doce, su mamá, lo esperaba en la puerta del colegio. Cuando llegó a su casa, la madre le preguntó porqué estaba tan triste, él le dijo que era porque había nubes en el cielo, por lo tanto no podía ir al parque por miedo a que lloviera y eso lo ponía de mal humor. Además la maestra le había dado restas para hacer que le resultaban difíciles, no le salían.
La madre para intentar reanimarlo, le dijo que irían al parque a hacer la tarea juntos porque pensó que las nubes solo eran una falsa alarma. En el parque mientras la mamá compraba manzanas con pochocho, él intentaba pensar en las restas, en cuanto era 8 menos 4, 3 menos 1, 7 menos 5. Buscando la respuesta miró hacia el cielo, observó las nubes, que cada vez se ponían más negras, y se dio cuenta que podían tener formas de números y operaciones matemáticas como la resta. Eso lo ayudó a entender el ejercicio que estaba realizando. Mientras lo hacia llegó su mamá con dos manzanas, le dijo que una era para ahora y la otra para que la comiera en su casa. Pedrito se puso loco de contento, ya que tendría una manzana extra para comer cuando volviera a su casa. El cielo comenzó a llenarse cada vez más de nubes, cada vez más negras y el resultado terminó siendo una gran tormenta que hizo que él y su mamá se apuraran a guardar todo para no mojarse. Antes de dejar el parque, corriendo entre medio de la lluvia, Pedrito se dio cuenta de que con la lluvia había olvidado la otra manzana.
Ese día tuvo una concepción firme sobre las restas y las nubes. Ambas llegan a un resultado, las nubes pronostican lluvia y las restas te dan un resultado matemático. Concluyó que tanto la resta como la lluvia le habían provocado perder su manzana. Pedrito entendió a las restas y a las nubes, pero nunca pudo dejar de estar molesto porque las dos le hicieron perder el día que había imaginado como perfecto.

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